Revista AtrilRevista AtrilRevista AtrilRevista Atril
tertulia revistas gárgola blog contacto

AÍDA ACOSTA




Ilustración: Gustavo Adolfo
Cáceres, 1977

 

I

La carretera se hace camino
con el paso del tiempo;
disfruto de las piedras polvorienta
de las zarzas, de las azucenas.
Estrecho mi mano, no alcanzo
el horizonte y tropiezo.
El viento me susurra las mentiras,
los pasos me gritan la verdad.
Caminando llego al sendero,
ya, mis pies ajados
necesitan descansar;
una pregunta me atrapa,
me transporta en los recuerdos:
¿He alcanzado la felicidad?

II

Hoy resbalo en la distancia,
delirantes mis suspiros
se transforman en tu imagen;
y como la niebla helada
de un amanecer, desapareces.
Mis neuronas llevan tu nombre,
mi cerebro está empapado de ti
y mis sentimientos
navegan en un tiempo infinito.
No sé si tus miradas son espadas,
no sé si me amas,
sólo encuentro en los besos de rocío
un atardecer,
una lejanía más aciaga,
un querer que procura
y que no alcanza
ni el ayer, ni el presente, ni el mañana.

III

Siento cómo se me escurre la vida
y se expande el pensamiento,
cómo me llega la muerte,
amiga de mis angustias,
invasora en mis sentimientos.
Quiero beber del manantial
que atesora la verdad,
quiero gritar y gritar,
para luego sólo callar;
quiero que mis cenizas
sean palabras de libertad,
y mis lágrimas
estigmas de amanecer
que quemen la tierra
y sequen las raíces de mi ser.
Todo es, querer morir en el vivir.