El Zumo de los Días

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Una teoría económica

    El hombre miraba al océano, de un lado al otro. Con las manos sujetas en la espalda y el vapor que a veces le mojaba la cara al chocar el agua contra la roca. Era invierno y no había mucho más que hacer, los turistas no llegaban hasta el verano. Suspiró y volvió a mirar al océano. Luego se puso en marcha mientras pasaba la mano por la cara enjuagándose las gotas saladas.

    ¿Qué tienen los pueblos de veraneo durante el invierno? Una especie de melancolía que lo llena todo. No tenía que haber cogido un año sabático, era algo que todo el mundo le exigía: para qué quieres el dinero, no vas a tener vida para disfrutarlo. Así pues lo dispuso todo para huir un año. La sinergia, el volumen de negocio, soportarían su marcha. Había sabido rodearse de profesionales suficientemente capaces que harían los deberes. Qué estarían haciendo ahora. La gente se empeña en que pase el año pintando, o escribiendo sus memorias, pero esas cosas no estaban en él: pintar qué, memorias qué. La memoria económica se presentaba anualmente a los accionistas, no hay más que decir.

    Estaba harto de ver películas, no le gustaban: la televisión, las novelas, la música. Mientras trabajaba todo eso era soportable, en pequeñas dosis. Ahora no aguantaba ni la lectura del periódico, ya llevaba dos meses de año sabático. Nunca había leído el periódico entero, nadie lo hace. Por la mañana, en un desayuno que antes nunca había tenido tiempo de disfrutar, hacía esquemas. Ahora, paseando, iba pensando en ellos y en todo lo demás.

    Volvió a pararse, esta vez frente a una pequeña piedra blanca y plana. La miró un buen rato. Luego se agachó para cogerla, sopló sobre ella y la limpió con las manos, muy cerca de la cara. Fue hacia el borde justo del agua y la lanzó en vuelo raso sobre las olas, botó sobre el agua cinco o seis veces antes de perderse.

    De inmediato tomó el camino de vuelta, con paso ágil y decidido. Por suerte no había deshecho del todo las maletas. Ahora lo tenía todo más claro.

Salamanca, 1 de mayo de 2005 [a partir de la escena “Between”
escrita en Sligo, Irlanda, 12 de febrero de 1995]

© Fernando Díaz San Miguel - Prohibido reproducir total o parcialmente cualquier elemento de esta página sin citar la fuente
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